A sólo algunos dÃas de festejar el dÃa de la independencia y en el marco del bicentenario de la llegada del General San MartÃn a Mendoza, compartimos algunos textos históricos que nos ayudan a recordar y entender la importancia que tuvo la provincia cuyana en el plan de liberación de América del Sur.
Tres meses pasó San MartÃn en Córdoba. En Julio tuvo la buena noticia de la rendición de Montevideo, pero conoció también la abdicación de Napoleón, y la consiguiente restauración de Fernando VII en el trono de España; este último suceso, traerÃa graves consecuencias en la guerra de independencia americana. San MartÃn, en buenos términos con el Director Posadas, pidió la gobernación de Cuyo, con asiento en Mendoza, y fue nombrado para ese cargo el 10 de agosto. En septiembre, hallábase en aquella ciudad. Damián Hudson, historiador mendocino, en su libro Recuerdos históricos de Cuyo, rememora la llegada San MartÃn a su "Ãnsula cuyana".
"Estábase ya a fines de ese mismo año de 1814, cuando llegaba a Mendoza el nuevo gobernador nombrado. Los corazones mendocinos se estremecieron de vivo entusiasmo a la presencia del joven general.
"Su recepción fue festejada con las más vivas demostraciones de adhesión y amor hacia su persona, y, desde entonces, jamás Mendoza desmayó en un solo dÃa, de la casi idolatrÃa que tuvo por el general San MartÃn. El, a su vez, pagóla con una extremada predilección, con la más distinguida estimación, con los gratos recuerdos que constantemente consagró a esa cuna de sus imperecederas glorias. Su elevada estatura, su continente marcial, sus maneras insinuantes, cultas y desembarazadas, su mirada penetrante y de un brillo y movilidad singulares, revelándose en ella el genio de la guerra, la aptitud sobresaliente del mando; su voz tonante de un timbre metálico, su palabra rápida y conmovente, sus costumbres severamente republicanas; todo esto, reunido a las altas dotes que sus ilustrados biógrafos han descripto, presentábanle como un hombre de Plutarco, llevado en hombros de la popularidad.
"No podÃa el gobierno general haber hecho una más acertada elección del jefe a quien confiaba tan delicado puesto con la intuición, tal vez, de la inmensa trascendencia que una tal medida iba a tener dentro de poco tiempo.
"Con la penetración de poderoso alcance, con el golpe de ojo dado sólo al genio, que descollaban entre sus demás eminentes cualidades, San MartÃn, pasando por San Luis, llegando a Mendoza y visitando a San Juan, abarcó con una sola mirada, por decirlo asÃ, la grande importancia, las inmensas ventajas que poseÃa la provincia de Cuyo para dar un fuerte impulso con su valioso e inmediato concurso a la gigantesca empresa de nuestra independencia." Damián Hudson.
San MartÃn en Mendoza - (Abril de 1819).
En abril de 1819, visitó a San MartÃn en Mendoza el viajero inglés Jhon Miers. Iba de paso a Chile, para ocuparse en trabajos de minas y en ese paÃs se vinculó más tarde a la facción de Lord Cochrane. En su libro "Travels in Chile and La Plata", describe asà su entrevista con San MartÃn: "Después del breakfasf, fui a entregar unas cartas que traÃa desde Londres para Don Juan de la Cruz Vargas, Director de Correos. Vargas vivÃa en los suburbios y me recibió con mucha bondad, prodigándome después toda clase de atenciones durante el tiempo que permanecà en Mendoza. Fui luego a visitar al general San MartÃn y a entregarle cartas que también traÃa para él. Mientras esperaba, entré en conversación con dos de sus edecanes por quienes supe la noticia del ataque de Lord Cochrane al Callao. El general me recibió muy cortésmente. Era un hombre alto y bien proporcionado, enhiesto y de anchas espaldas, de piel cetrina y mirada viva y penetrante, cabello muy negro y anchas patillas. Hablaba en forma rápida y vivaz. Me ofreció toda la ayuda que pudiera serme necesaria y me prometió darme una carta para O'Higgins, el Supremo Director de Chile, invitándome a pasar por su casa esa noche.
"Al anochecer me visitaron don Cruz Vargas y don Ildefonso Alvarez, este último hermano del diputado que yo habÃa conocido en Londres; era uno de los edecanes de San MartÃn. Ambos me acompañaron a casa del general donde fui recibido con mucha amabilidad. La conversación recayó sobre granadas y otros proyectiles militares, a cuyo respecto me hizo muchas preguntas, mostrándose muy interesado. Después de estar con él cosa de una hora, me pidió que lo viera en la mañana siguiente a objeto de darme la carta para el general O'Higgins. Don Cruz Vargas se quedó para acompañar al general San MartÃn a la tertulia del gobernador. Alvarez se vino conmigo a la posada donde pasó la noche y me entretuvo contándome sus andanzas con el ejército de Belgrano en el Alto Perú.
"Abril 28. Esta mañana fui a casa del general San MartÃn y me hicieron pasar a su despacho particular donde estaba trabajando con un secretario. Le ordenó que escribiera una carta para el general O'Higgins y él mismo se la dictó. Una vez firmada, la puso en mis manos. Mientras San MartÃn se ocupaba de todo esto, tuve oportunidad de examinar la pieza en que me hallaba. Estaba muy bien arreglada a la manera europea; los muebles eran todos ingleses: habÃa lindas cómodas, mesas, etc., de palo rosa, enchapadas de bronce y bonitos sillones que formaban juego y una alfombra de Bruselas. Lo que más particularmente llamó mi atención, fue una miniatura bastante grande que tenÃa parecido con San MartÃn y colgaba entre dos grabados, uno de Napoleón Bonaparte y otro de Lord Wellington, todos dispuestos en la misma forma.
"Me llamó el general a una pieza contigua en uno de cuyos rincones estaba su cama. Abrió un armario y me mostró unas veinte armas de fuego escogidas: fusiles, rifles, etc. Quedé con él por algunos momentos y conversamos sobre la topografÃa de la provincia de Cuyo. Se despidió de mà con mucha cordialidad, ofreciéndome siempre sus servicios y diciéndome que pronto tendrÃa el placer de verme en Chile." John Miers.